Agosto 14, 2008
Categorías: General . . Autor: Micer Arnaldo . Comentarios: No Comments

Ahora que el Camino está lleno de turistas, me “vienen” al recuerdo las imágenes de las cuatro veces que yo lo recorrí durante los fríos meses de invierno. Sólo la primera vez, cometí el error de hacerlo en verano. No se si volveré a pisarlo algún día. Me imagino que no. Pero si eso volviera a suceder, tengo totalmente “claro” en qué época volvería a “pisar mis pisadas” (valga la estupidez) ya olvidadas y borradas por el tiempo.

Hay muchos caminos de peregrinación, aunque el de Santiago sea el más conocido y exista desde antes de la aparición del Cristianismo. Se cuenta, y estoy totalmente de acuerdo con ello, que era un camino pagano hacia el fin del mundo, el Finis Terrae, y que la Iglesia de Roma hizo con esa ruta lo que suele hacer siempre en estos casos. Seguir su premisa de, “si no puedes con ellos, únete a ellos”. Es decir, que lo “cristianizó” y se inventaron la tumba del Apóstol a tres jornadas de distancia del Finisterre para que los peregrinos se detuvieran ahí y no llegaran a presenciar el tenebroso final de las tierras y la inmensidad del Océano (recordemos que en aquel entonces la Tierra era plana
En la imagen, unos peregrinos de la India, que posiblemente nunca oyeron hablar de Jesucristo, se refrescan antes de continuar su ruta hacia otro tipo de destino espiritual que nada tiene que ver con las osamentas.

Aunque en principio y para un neófito la “noticia” pueda resultar algo “chocante”, los peregrinos de alquiler sobre el Camino son algo de “toda la vida”. Siempre hubo personas impedidas, que contaban con la fe y el dinero suficientes como para encargarles a otros que hicieran por ellos la ruta hacia Santiago. Al fin y a cabo, es lo que siempre ha hecho la Santa Iglesia. Vender bulas, dispensas y exenciones. Debe ser porque los mercaderes también forman parte del Nuevo Testamento y había que hacerles algún simpático “homenaje”, como por ejemplo el de crear el Banco Ambrosiano. Lo que choca de estos tíos del anuncio es lo que cobran los muy puñeteros. Cinco mil pesetas el kilómetro, o sea, treinta euros cada mil metros. Si los contratan para hacerlo desde Roncesvalles y sobre un cálculo aproximado de 780 kilómetros, la cosa está “clara”.
Quizá esta peregrina que recorrió el Camino en una época mucho más tranquila, esté pensando, al contemplar las casas de O Cebreiro, en el desfile continuo de peregrinos que, en poco tiempo, van a llenar esos paisajes que para ella permanecen aún tranquilos. Una vez más, con la llegada del verano, miles de peregrinos recorren, paso a paso, cada metro de Camino, borrando con sus pisadas las huellas solitarias de aquellos que los precedieron huyendo de la masificación del verano.
Algo así, o muy parecido, tenían que ser los alrededores de San Juan de Acre en los momentos de calma chicha entre musulmanes y cruzados. Recomiendo a todo aquel que me haga caso que se haga a su vez con un libro de Amin Maalouf (Premio Gouncourt 1993) que se “intitula”; que diría Sancho, “Las cruzadas vistas por los árabes”. El punto de vista cristiano es de sobra conocido y sin salir aquí en defensa de la doctrina del Islam y de su “puesta en práctica”, siempre es interesante constatar que los papeles de víctimas y verdugos estaban invertidos siglos atrás.

Tomás, el último “Templario”, vuelve a la carga en Youtube con un vídeo más sobre sus cada vez más complicadas y largas ceremonias en las que invoca a tantos personajes celestiales que los peregrinos acaban aburriéndose de presenciar tanto “exotismo” y se van esfumando de uno en uno, de tal forma que el buen hombre casi siempre finaliza sus ritos hablando solo y sin un alma a sus espaldas (salvo las de los miles de arcángeles, ángeles y serafines que bajan a su llamada, claro).
Una imagen vale más que mil palabras, y aunque sea un montaje como esta (al menos lo parece) no sería una mala penitencia el llevar de esa guisa a una peregrina para desagraviarla de lo que fuera. Lo que habría que preguntarse es si ella podría ser considerada como tal. O sea, como peregrina. En mi opinión, sí lo es. Si a un peregrino de la Edad Media le hubiesen ofrecido un caminar más cómodo, habría aceptado hasta el ala delta. Aunque quizá el ala delta, no. Por la época, digo.
Brujerías.
